miércoles, 18 de septiembre de 2013

El arte hasta que la muerte nos separe

Escribiré algo que tal vez debería ser una frase celebre:
 

“Que el arte solo te entre por los ojos, si llega entrar a tu mente, te convertirás en un amante que comparte con miles la misma pasión enferma”

Es la mera y pura verdad. Cuando a uno le empieza a dar placer óptico al ver un cuadro, una casa, una pintura… no te das cuenta si es clásico o moderno, sólo te recorre una vibración de lo bello que es, YA CAÍSTE!, será como una droga, películas, imágenes, pinturas, poemas, cuentos, novelas, cortometrajes. Serás cautivo.

Este “enamoramiento”, por así decirlo, llega en distintas etapas,  llegar e irse como le plazca, sin perjudicarte a ti o a mí. Cuando eres niño, joven o viejo. Pero supongo que el peor momento en el que te puedes enamorar del arte, así como de tu musa femenina/masculina, es en la etapa de estudiante. Las materias pierden el toque, buscas estar con el arte, en las hojas, en el aire, en las vagas siluetas de cúpulas esponjosas, por todas PARTES!

Es algo en verdad, hermoso.

Pero llega el momento en que te das cuenta que la escuela no tiene la misma importancia y que tu y el arte, podrían fugarse y aventurarse en el mundo.

¿Qué pasa después de haber visto, tocado, escuchado y sentido el arte?, es tan simple, lo conoces perfectamente, de pies (si es que tiene) a cabeza (es claro que no hay lugar para la lógica, solo razón… no necesitas mucho del cerebro, ¿para que una cabeza sin cerebro?) que no tiene.

Conoces tan bien el pequeño fragmento de los amantes del arte que tu empiezas a crear lo que amas. A profundizar lo que el arte ama y busca… le obsequias prosas seductoras, líneas que balancean una lágrima salada que evapora, le regalas el llanto de los dulces instrumentos, la silueta de lo inerte plasmado en color. Parece tan bello que te olvidas de un Dios. Olvidas y reprimes. Te das cuenta que tomados de la mano arte y fe, se crea lo abstracto… la mentira y la verdad, la pasión y discreción sosteniendo a su hija. Pierde un sentido propio seguirla con las reglas del libro de la verdad. Pero si a ti no te importa, a ella menos.

Te casas… tu evidencia sofoca el nido. El arte me pregunta, ¿quien fue mi musa?, la vida misma, la vida en donde te conocí, escondida en un museo, en una galería, en un fotograma. Mi musa fue la vida, donde conocí el deseo, la maldad, el pecado, la bendición, la felicidad, el odio… todo, todo está aquí… en mi nido, nuestro nido.

Te amo ARTE, hasta que la muerte nos separe.

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